El microbioma: nuestro segundo genoma | Fundación Lucha contra el Sida

El microbioma: nuestro segundo genoma

05/02/2014

La Fundación Catalunya - La Pedrera y la Fundació SARquavitae han firmado un acuerdo de colaboración para financiar y llevar a cabo el proyecto de investigación "El microbioma intestinal del anciano frágil", a cargo de investigadores de la Fundación Lucha contra el Sida y el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa. El proyecto está liderado por los Dres. Bonaventura Clotet y Roger Paredes.

El síndrome de fragilidad del anciano describe un estado de vulnerabilidad de la persona mayor como consecuencia del deterioro acumulativo de diferentes sistemas fisiológicos durante la vida. Esto acaba comportando una disminución de su autonomía, con una aceleración de problemas médicos y sociales.

Una de las características principales de la fragilidad del anciano es su trasfondo inflamatorio, poco investigado hasta el momento.  La Fundación Lucha contra el Sida e IrsiCaixa, que están investigando este tipo de trastornos en pacientes con VIH, analizarán los desequilibrios en la composición y función de la flora intestinal (microbioma) en relación a la dieta y su influencia tanto en el estado inflamatorio crónico como en la fragilidad de la persona en general. El objetivo de la investigación es obtener datos relevantes para prevenir y mejorar el estado de salud de estas personas a través de intervenciones nutricionales y cambios en la dieta.

La investigación, impulsada por la Fundación Catalunya-La Pedrera y la Fundación SARquavitae, se llevará a cabo en los centros residenciales y sociosanitarios de SARquavitae, así como en domicilios, para aportar una muestra muy significativa del grupo objetivo de las personas en estudio.

 

¿POR QUÉ ESTUDIAR EL MICROBIOMA?

 

El cuerpo humano tiene unos 37 billones de células diferentes, pero de éstas, sólo un 10% son células humanas. El resto, pertenecen a los casi 100 billones de microbios que pueden encontrarse en cada uno de nosotros.

Los cientos de especies microbianas con quienes compartimos nuestro cuerpo viven (y mueren) en diferentes lugares del organismo: la superficie de la piel, la lengua, las fosas nasales, el cuello... Pero es en los intestinos donde habitan mayoritariamente formando todo un universo, en gran parte desconocido, que los científicos apenas están empezando a explorar gracias a los avances en la tecnología.

Más del 99% de "nuestra" información genética, es en realidad información procedente de esta comunidad de microbios, nuestra microbiota. Y parece cada vez más probable que este "segundo genoma", como se le llama a veces, ejerce una gran influencia en nuestra salud. Posiblemente, una influencia incluso mayor que la que ejercen los genes que heredamos de nuestros padres. Los genes heredados son más o menos fijas, invariables, en cambio, parece ser que el segundo genoma que aporta la microbiota puede ser remodelado e incluso regenerado.

La microbiota juega un papel clave en varios aspectos: lo primero que hay que entender, sin embargo, es que la salud humana y la microbiana resultan estar inextricablemente vinculadas. Trastornos en nuestro ecosistema interno de microbios -una pérdida de diversidad, por ejemplo, o la proliferación de la especie "equivocada"- nos pueden predisponer a la obesidad, a problemas metabólicos, ya toda una serie de enfermedades crónicas así como algunas infecciones. 
 
La relación entre el estado de la microbiota y el de nuestro sistema inmunológico parece evidente: una de las funciones principales de los microbios que se encuentran en nuestros intestinos es alimentar el epitelio (la pared intestinal). Si este no se nutre adecuadamente, puede llegar a hacerse más permeable, permitiendo que las bacterias, endotoxinas -que son los subproductos tóxicos de ciertas bacterias- y proteínas pasen al torrente sanguíneo, provocando la inflamación como respuesta del sistema inmunológico.

En el caso de personas con el sistema inmunológico comprometido, debilitado, como pueden ser las personas con VIH, el estudio de la influencia del microbioma en su sistema inmunológico podría ser clave en la mejora de su calidad de vida y en el aumento de defensas para combatir la infección. De la misma manera, una microbiota sana podría asegurarnos un envejecimiento de más calidad, con menos fragilidad.

Muchos investigadores del microbioma tienen cuidado de no precipitarse y prometer que con sus proyectos de investigación encontrarán la cura para muchas enfermedades. Sin embargo, sean cuales sean los cuidados que surjan a partir de la exploración del segundo genoma, las implicaciones de lo que ya se ha aprendido -para nuestro sentido del yo, nuestra definición de la salud y nuestra actitud hacia las bacterias en general- son innegables.

 

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